Nunca hablé de esto y nunca sentí tanta necesidad de hacerlo como hoy... las heridas
Tenemos heridas, todos las tenemos: hay heridas que son como un raspón, ese que con dejarlo al aire libre y el correr de los días, la cicatriz se empieza hacer sola y ya... en cuestión de días ya ni recordas que la tenías.
Hay otras que son como tajos, pequeños o grandes, estos requieren "curitas" para evitar que sangren... que queden expuestas a que estas se hagan más profundas.
Y después hay otras heridas que ni sé como describirlas porque en busca de mil curas, comienzo a creer que quiza jamás sanen...
Las heridas nos enseñan, nos hacen... nos forman
Hay heridas que se eligen o que al menos sabemos que son consecuencia de decisiones, por ejemplo: si sacas una bandeja de un horno sin manopla, sabes que podes quemarte...
Hay otras que no elegimos, sin embargo por supervivencia aprendemos a curarlas...
Hay heridas que necesitan ser curadas con urgencia pero la vida te enseña sobre la sabiduría del tiempo y entonces te das cuenta que hay heridas que quiza nos cueste una vida entera sanarlas... o tal vez no... quizá no deba ser curada, quizá en esa herida encontremos nuestra fortaleza, nuestro propósito.
Tengo de esas heridas y creí que ya estaba sanada, creí que ya no dolía, que ya no me ahogaba... y no, resulta que no. Sigue tan latente como siempre y me lo hizo sentir.
Sentí como ese nudo me ahogaba, me dejaba sin respirar en un llanto repentino sin consuelo.
Aquella herida sigue ahí, poniéndome en duda todo el trabajo que vengo haciendo hace un poco más de un año, esa herida me llevo a repreguntarme "¿En cuántas montañas más? ¿En qué número de sima? ¿En cuál ascenso?¿Al puzzle nro cuanto? ¿500 1000 2000 3000 36000 piezas para sanar al fin? ¿En qué número de amor? ¿ya no basta con el propio?" Seriamente empecé a creer que el daño sea irreversible, ese que te fragmenta en partes que no pueden volver a unirse, seriamente empiezo a creer que quizá ya no vaya a sanar...
Entonces en el medio de todo esto solo me resuena una frase que le escuché decir a un celebre montañista... y decía algo así como que las "Grietas son fundamentales para continuar escalando y así llegar a la cima. No es sino a través de ellas que logramos cada ascenso"...
Esa frase terminó siendo mi consuelo de regreso a casa, aunque la mandibula me duele y las ganas de vomitar hayan regresado, aunque el nudo en la garganta me este apretando y pueda sentir a la coraza regresar... me aferro a esas palabras.
Esa herida fue mi grieta más profunda, esa es la herida que me llenó de culpas pero también la que me empujó a sanar.
Esa herida me enseñó como derrumbar algunos muros...
Hoy esa herida me duele, a lo mejor hoy no sea un día para intentar seguir escalando. Iré a preparar mi carpa y a descansar, mañana volveremos a intentarlo.