Y porque
entre planear un asesinato y llevarlo finalmente acabo imagino transcurre un
tiempo, a mis victimas le di un día más… porque es fácil decidir hacerlo y es
(o era) casi imposible llevarlo a cabo, más cuando se trataban de recuerdos…
Y entonces
anoche terminé de escribir y me resultó más cómodo dormir y pensar un poco más,
tal vez lo mejor era analizar y ver qué podía llegar a pasar luego
si entonces finalmente me deshacía de los recuerdos.
Me levanté
y desarrollé un día prácticamente normal sin dejar de pensar en qué hacer, si
morir en palabras o finalmente avanzar un paso más. Y ahí sucedió el instante
en que una frase me despertó la decisión “Nunca sabes cuánto van a lastimarte
pero puedes elegir quién puede hacerlo” y luego cerraba en un “y para mi fue un
placer mi elección” y me siento en la misma situación… fue un placer mi elección
porque sé que fue mutua y porque no por nada duró tanto y volvimos a elegirnos siempre que lo intentamos.
Entonces ahí entendí el poder de las causalidades y retomé con más fuerza la idea de la muerte de los recuerdos...
Volví a mi habitación, puse música (nuestra música)... el crimen y el velorio en un mismo episodio. Busqué las fotos y aquellas cartas, volví a leerlas y a verlas y por supuesto cómo evitar esa falta de oxigeno, eso que oprimía el pecho de solo volver a esos días.
Y entonces ocurrió, primero la carta pude verla irse, desvanecerse, palabras ardiendo en el nunca más, y luego una a una las fotos para que el fuego no se apagara pero fue imposible, al parecer ellas querían vivir no querían arder hasta morir por lo que las obligué y sin sentir demasiada culpa.
De pronto mi alma comenzó a calmarse, comencé a respirar y ahí estaba... nuestra última foto. Esa que más te gustaba porque hablaba más que ninguna, esa que habías escrito... tantos deseos sueltos en una sola imagen.
Y por supuesto, como nada fue fácil, porque deshacerme de la última foto iba a serlo no? el fuego se apagó y luego volvió y solo provocó un desorden y luego volvió apagarse... busqué fuego... ya no quedaba y no paré hasta encontrarlo, no podía dejar que eso quedara así... un medio crimen.
Y entonces el fuego volvió y se encendió fuerte, muy fuerte, logró crecer y ahí nos ví... muriendo lentamente... reducirnos a cenizas y así fue... así fuimos, así somos... cenizas.
Tardaron las cenizas en apagarse y de ratos volvían los vestigios de un fuego, nosotros y la vida misma.
Y no salí ilesa, me quemé... una vez más volví a quemarme, otra herida... me cuesta pensarlo y mucho más decirlo pero es como si algo no hubiera querido este fin...
A todo esto me pregunto si sentiste morirte un poco en vida? Yo si...