Y no entendió de la luz sino hasta que se sumergió en la oscuridad, esa a la que siempre le escapó al igual que aquella luz...
Una habitación oscura, una cama desarmada casi como su alma alguna vez lo estuvo... una ventana por la que pudo ver muchas luces, pero ninguna era la propia. Una ventana, canal con el mundo exterior que le dejó ver una hoja desprenderse para danzar hasta morir y fue ahí que entendió al otoño en su máximo esplendor.
Una canción hablando de estar, otra de paciencia y finalmente otra hablando de negro, de la oscuridad...
Es cierto que estos días quiso escapar y ver luces en la oscuridad... comúnmente llamadas estrellas, pero eso no fue posible. La vida le pedía que encontrara su propia luz antes de admirarlas afuera y luego estas llegarían solas a ella... Y así fue.
Clamó por armonía y la tuvo...
Clamó por paz y así fue...
Pidió sentir y sintió...
Pidió un cambio y este había llegado...
Las estructuras se le van cayendo igual que todas las hojas se desprenden para bailar, entienden que quizá entregarse al vacío no es malo sino necesario.
Ha leído escritos tan hermosos del otoño y probablemente ninguno se le parezca a lo que ella pueda aportar hoy, pero también es cierto que nunca nada le despertó tanto amor, tanta entrega y tanta incertidumbre.
Este es un otoño que vino cargado de miedos por lo nuevo pero también un otoño de despojo, el árbol está vacío, no tiene recuerdos. Ya los domingos no duelen...
Ya casi llega Invierno y todo indica que es un momento de estar adentro para tomar fuerzas y así volver a florecer en Agosto.
Es otoño de entrega, de ventanas empañadas y camas desechas, de olor a café y tostadas, es un otoño oscuro y de luces propias.
Es un otoño para ser y dejar ser, es otoño de manos frías y abrazos bien cálidos.
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