Y el día que menos lo pensaste (porque ya no lo pensaba), ese día... el más común de todos, el rutinario, uno de lluvia haciendo nada, muy parecido a domingo en donde las cosas pesan por dos.
Ese día te levantas y haces lo de siempre, desayunas, limpias y te vas algún lado.
En algún punto del viaje y con alguna canción con olor a pasado, ese mismo instante descubrís que ya no hay heridas, que ya sanó, que ya no duele la historia.
Y entonces un día, las canciones no tienen nombre, las películas ya no generan tristezas, los domingos son igual a cualquier otro día.
Ese es el día en que te das cuenta que hace un tiempo las canciones son melodías propias y de las películas solo te quedan las sonrisas, porque al fin entiendes de qué se trata amar pero en tu propio ritmo, que no es similar a ninguno, es único.
Es el mismo día en que te das cuenta que no hay miedo y aceptas al amor como es, puro y real.
Fue el mismo día en que me encontré sonriendo, amando, iluminada e iluminando. El mismo día que un simple acto se transforma en una celebración y un silencio en una fiesta (creo haber dicho ya que amo nuestros silencios).
Y es que a veces asusta tanta coincidencia, entendernos y sabernos que siempre nos tuvimos, cuando la vida aun no era la que tenemos... "nos elegimos sin decirnos nada" dijo y yo digo "te sigo eligiendo con y sin palabras, desde siempre y para siempre".
El dolor pasó y sirvió para entender mejor al amor, volvería a transitar cada paso si sé que mi destino está con vos en un mismo camino.
... Un recorrido por la vida de un corazon Fragil y una coraza dura...
martes, 12 de noviembre de 2019
viernes, 1 de noviembre de 2019
Carta a mi Abuelo
Querido Abuelo,
Perdón por demorar tanto en escribirte, igual sé que nunca dejaste de saber todo lo que me pasaba.
La última vez que te escribí estaba triste pero emprendiendo un nuevo camino, un nuevo proceso. Recuerdo haberte contado mucho de lo que eran aquellos días, de lo complicado que parecía ser esto de amar o al menos sincerarse y descubrirse grietas para dejar entrar la luz, para llegar a la carne que parecía ser piedra.
Quiero decirte que desde ese entonces a hoy pasaron muchas cosas, entre ellas, que esa carta que te escribí tuve que quemarla, esa ya no era yo y también es cierto que ya no soy ni la de ayer.
Perdón por aquellas lagrimas, quiero decirte que valieron la pena, que de no haber sido por ellas probablemente no me hubiera movido de aquella realidad.
Quiero contarte que esas grietas fueron tantas, que el corazón no tuvo más opción que tumbar la coraza como quien derrumba un muro y que luego del polvo pude ver la luz y lo luminosa que soy.
Quiero contarte que esa luz, una vez le habló a la luna y también le secreteo al Lago una tarde de otoño, la época en donde se desprende aquello que ya no sirve para dar paso al nacimiento de lo nuevo, la primavera. Y fue tan fuerte su deseo y su trabajo que entonces la luna y el lago lo soltaron.
Si abuelo, quiero contarte soy feliz y que sonrío como cuando tenía 3 años. Quiero contarte que la luz encontró a otra luz y también es un hermoso ser, así como vos, me cuida. Seguramente ya conoces pero necesitabas que yo te diga que me hace bien y que me cuida.
Sé que nos cuidas, sé que estás. Gracias por no dejarme sola e iluminarme los días más difíciles (como hoy).
Al parecer la tristeza suele venir acompañada de más palabras porque recuerdo haber escrito una carta super larga la última vez que te conté de mis días. Hoy no quiero entrar en detalle porque lo sabes y entiendes lo que siento, así que cierro mi carta aquí.
Quiero decirte que todos los días te recuerdo y sonrío y te abrazo.
Te amo abuelo, que nos volvamos a ver
Perdón por demorar tanto en escribirte, igual sé que nunca dejaste de saber todo lo que me pasaba.
La última vez que te escribí estaba triste pero emprendiendo un nuevo camino, un nuevo proceso. Recuerdo haberte contado mucho de lo que eran aquellos días, de lo complicado que parecía ser esto de amar o al menos sincerarse y descubrirse grietas para dejar entrar la luz, para llegar a la carne que parecía ser piedra.
Quiero decirte que desde ese entonces a hoy pasaron muchas cosas, entre ellas, que esa carta que te escribí tuve que quemarla, esa ya no era yo y también es cierto que ya no soy ni la de ayer.
Perdón por aquellas lagrimas, quiero decirte que valieron la pena, que de no haber sido por ellas probablemente no me hubiera movido de aquella realidad.
Quiero contarte que esas grietas fueron tantas, que el corazón no tuvo más opción que tumbar la coraza como quien derrumba un muro y que luego del polvo pude ver la luz y lo luminosa que soy.
Quiero contarte que esa luz, una vez le habló a la luna y también le secreteo al Lago una tarde de otoño, la época en donde se desprende aquello que ya no sirve para dar paso al nacimiento de lo nuevo, la primavera. Y fue tan fuerte su deseo y su trabajo que entonces la luna y el lago lo soltaron.
Si abuelo, quiero contarte soy feliz y que sonrío como cuando tenía 3 años. Quiero contarte que la luz encontró a otra luz y también es un hermoso ser, así como vos, me cuida. Seguramente ya conoces pero necesitabas que yo te diga que me hace bien y que me cuida.
Sé que nos cuidas, sé que estás. Gracias por no dejarme sola e iluminarme los días más difíciles (como hoy).
Al parecer la tristeza suele venir acompañada de más palabras porque recuerdo haber escrito una carta super larga la última vez que te conté de mis días. Hoy no quiero entrar en detalle porque lo sabes y entiendes lo que siento, así que cierro mi carta aquí.
Quiero decirte que todos los días te recuerdo y sonrío y te abrazo.
Te amo abuelo, que nos volvamos a ver
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