martes, 12 de noviembre de 2019

Y el día que menos lo pensaste (porque ya no lo pensaba), ese día... el más común de todos, el rutinario, uno de lluvia haciendo nada, muy parecido a domingo en donde las cosas pesan por dos.
Ese día te levantas y haces lo de siempre, desayunas, limpias y te vas algún lado.
En algún punto del viaje y con alguna canción con olor a pasado, ese mismo instante descubrís que ya no hay heridas, que ya sanó, que ya no duele la historia.
Y entonces un día, las canciones no tienen nombre, las películas ya no generan tristezas, los domingos son igual a cualquier otro día.

Ese es el día en que te das cuenta que hace un tiempo las canciones son melodías propias y de las películas solo te quedan las sonrisas, porque al fin entiendes de qué se trata amar pero en tu propio ritmo, que no es similar a ninguno, es único.
Es el mismo día en que te das cuenta que no hay miedo y aceptas al amor como es, puro y real.

Fue el mismo día en que me encontré sonriendo, amando, iluminada e iluminando. El mismo día que un simple acto se transforma en una celebración y un silencio en una fiesta (creo haber dicho ya que amo nuestros silencios).

Y es que a veces asusta tanta coincidencia, entendernos y sabernos que siempre nos tuvimos, cuando la vida aun no era la que tenemos... "nos elegimos sin decirnos nada" dijo y yo digo "te sigo eligiendo con y sin palabras, desde siempre y para siempre".

El dolor pasó y sirvió para entender mejor al amor, volvería a transitar cada paso si sé que mi destino está con vos en un mismo camino.

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