No tenía mucho que pensar, mucho que decir y nada que mirar... fue por eso que elegí sonreir recordando algún que otro aprendizaje...
Tal vez en medio de tanta incertidumbre desparramada y a pesar de la ansiedad que me pueda provocar lo desconocido, hoy solo lo vivo como si mañana no existiera.
Aprendí que paso a paso, día a día, esa duda del después se reduce, disminuyen los pensamientos y crecen las acciones.
Puedo afirmar que hasta el día de hoy muchas veces me he golpeado contra mis propias decisiones y luego fui aprendiendo. Que a veces el dolor no era causado por el otro, sino por nuestro peor enemigo... nosotros mismos.
Aprendí que quien juega dos veces con lo mismo no merece más oportunidades que las ofrecidas.
Aprendí que nada cambia si no es uno el que acciona distinto.
Aprendí del poder de las palabras, incluso superando al silencio. Porque no siempre un silencio dice más que mil palabras, ni la mirada sirve ante un ciego espectador..
Aprendí que si no gritas tu dolor, el otro nunca va a saber que tanto mal puede hacerte.
Aprendi a jamás desear el mal o a esperar el fracaso de algo o alguien, aprendí a aceptar las cosas como son, dejando el corazón en cada acto hasta en el último adios.
Sé que no siempre fue fácil aceptar la derrota y continuar el camino pero me quedé con la certeza de que di batalla hasta el final y que no me quedé nunca con la duda de "qué hubiera sucedido si...", no al menos de mi lado.
Porque quise y no me han querido, aposté y solo han jugado, hablé y solo recibi silencios, pero nunca permití que mis miedos me ganen la batalla final.
El pasado puede volver a demostrarte que tal vez tus pasos dados no fueron en vano demostrandote a ti mismo que tus decisiones y tus acciones provocaron algo en el otro, y que nada de lo hecho hasta hoy fue en vano.
Porque siempre descubro cosas nuevas de las que luego me olvido, pero la escencia es la que permanece y los miedos los que se rompen...

No hay comentarios:
Publicar un comentario